Asedio del Alcazar de Toledo

Tras el golpe de estado del 17-18 de julio de 1936, los diferentes mandos militares se van posicionando a favor de los rebeldes o en defensa del gobierno. En estos primeros días, algunos, aunque partidarios de los rebeldes, aguantan como pueden en una apariencia de legalidad desde su puestos, bloqueando los movimientos del gobierno legítimo. En Toledo, el gobernador militar, coronel Moscardó, se resistió desde el principio hasta el 20 de julio a obedecer las órdenes que llegaban desde Madrid solicitándole el envió de armamento de la Fábrica de Armas de Toledo, Moscardó se atrincheró en la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia ubicada en el Alcazar de la ciudad. Cercado durante poco más de dos meses con 1000 hombres, entre miembros de la guardia civil, cadetes de la academia y civiles militarizados, aparte de sus familias (500 mujeres y 50 niños) y los rehenes que pudieron ir tomando al principio y durante el tiempo que duró el asedio.

Toledo había sido tomada en un primer momento por los rebeldes que ante el avance de una columna enviada desde Madrid bajo las órdenes del general Riquelme, comenzaron a preparar el Alcazar para la resistencia enviando gran cantidad de suministros y armamento desde la Fábrica de armas, tras enfrentamientos en diversos puntos de la ciudad, los rebeldes mostraron su gran profesionalidad en el repliegue al Alcazar y la destrucción de todo el material de guerra que pudiera ser de utilidad al enemigo.alcazar-17[1].jpg

A las 18 horas del día 21 de julio, el último camión cargado de armamento que estaba llegando al Alcazar fue alcanzado y destruido comenzando el cerco sobre los rebeldes. Esa noche, Riquelme telefoneó a Moscardó solicitando su rendición. En la tarde del día 22, Toledo está tomada por las tropas republicanas a excepción del Alcazar. Nuevamente se establece conversación con Moscardó para negociar su rendición, esta conversación forma parte del halo épico de la defensa del Alcazar, se ha querido poner un punto heróico en esta conversación ya que al parecer se amenazó a Moscardó con fusilar a su hijo si no se rendía. Verdad o mentira, el Alcazar no se rindió. 3291524498_828f321580_n[1].jpg

El mando de los republicanos pasó de manos de Riquelme a Francisco del Rosal y a Ulibarri a finales de julio. Se sucedieron los asaltos y bombardeos por parte de los republicanos y las deserciones, suicidios y razias a Toledo por parte de los rebeldes. La situación en el interior del Alcazar empeoraba día a día a falta de alimentos y moral.

Dos niños nacieron durante el sitio del Alcazar para los que Moscardó pidió un sacerdote que los bautizara, gracia que le fue concedida en la persona de Vázquez Camarasa, canónigo de ideas izquierdistas que murió exiliado en Burdeos en 1946. Se ofreció la evacuación de las mujeres y los niños siendo rechazada.

El 22 de septiembre, los rebeldes de Varela se encontraban a seis kilómetros de Toledo, el 24, ya combatían a las afueras de la ciudad. El 27 de septiembre, los republicanos abandonaron Toledo.

Estratégicamente Toledo no tenía ningún interés, sin embargo, Franco lo convirtió en un símbolo y a pesar de la pérdida de un tiempo precioso en la carrera hacia Madrid y que habría podido coger a la capital sin preparación para la defensa, lo cierto es que a él personalmente le sirvió para erigirse como el gran caudillo libertador dentro del bando rebelde.

 

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